En el relato llamado "El asesino desinteresado Bill Harrigan", tiene zonas cercanas a los de Monk y Morell. Entre ellas, el hecho de que a Bill "lo parió un vientre irlandés, pero se crió entre negros. En ese caos de catinga y de motas gozó del primado que conceden las pecas y una crencha rojiza. Practicaba el orgullo de ser blanco"; la ya señalada del re-uso de la mención a los Swamp Angels, los envenenadores de caballos o la crianza violenta en New York.
Capítulo especial merece la lengua castellana y sus hablantes: "Hay quienes hablan un idioma con muchas eses, que ha de ser español, puesto que quienes lo hablan son despreciados". De allí a la afirmación de Bill Harrigan/Billy the Kid, "no vale la pena anotar mexicanos" y la del narrador en el sentido de que el personaje "puso en los mexicanos el odio que antes le inspiraban los negros", hay un solo paso.
La muerte de Bill/Billy no se deberá a uno de esos despreciados, sino a un amigo: una ruptura de amistad, una traición, un conflicto de iguales. Su final, como el de Monk o el de Morell, aunque tenga una coherencia histórica, no le quita a su cadáver "ese aire de cachivaches que tienen los difuntos". Su cadáver, transformado en atracción pública, es expuesto hasta la exageración como preámbulo a una nueva infamia: el show business de la muerte.
"El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké", en este relato, se inicia con un resumen de su infamia, en la contraposición entre una "infamia" real que es traición y otra "infamia" irreal que es lealtad. Las representaciones son aún mayores que en anteriores relatos. Kotsuké enseñaba a representar y Asano Takumi no entiende las enseñanzas, recibe burlas y pierde la paciencia para después entregar la cabeza. Kotsuké, su maestro, representa primero el título del relato, luego el de infame, finalmente el de vengador.
El proceso de infamación del consejero es paralelo e inverso al del maestro de ceremonias. Mientras el primero "se codea con rameras y poetas, y hasta con gente peor", despide a su mujer y a su hijo menor y compra "una querida en un lupanar", el segundo se rodea de "espías incorruptibles, puntuales y secretos", además de un ejército de protección. Ambos extremos aceptan el absurdo. En el del consejero, busca la total infamia para hacer confiarse al enemigo; en el segundo, la reiteración y la contradicción: por definición los espías son secretos y puntuales; también son corruptibles.
"El tintorero enmascarado Hákim de Merv" se inicia con la inseguridad del narrador respecto a la historia que va a relatar: "Si no me equivoco", dice antes de referirse a Al Moqanna, de esa región que no solo aparece en "Tion" sino que tiene similitud de nombre con la Jerusalén donde Jesucristo pasara un calvario similar al que el relato nos brinda: "Esa provincia muy conmovida por la desventura y crucifixión de su más famoso caudillo".
El tema de los dos caminos que pueden llevarnos a la virtud fundamental, es decir, "la abstinencia y el desenfreno, el ejercicio de la carne o su castidad", que aparece en este texto, se reitera a lo largo de la obra de Borges. En ese contexto, la muerte de Hákim se origina en uno de esos dos caminos: el del desenfreno, será una de sus concubinas quién lo delatará e iniciará el proceso hacia su desenmascaramiento.


