En lo que respecta a "La viuda Ching pirata", jefa de "hombres desventurados y dañinos, hombres que pisan el pan, hombres que desatienden el clamor de los cobradores de impuestos y de los huérfanos, hombres en cuya ropa interior están figurados el fénix y el dragón, hombres que niegan la verdad de los libros impresos", será enmarcada en una mezcla de mujeres piratas del Caribe y el Atlántico y “corsarias" de zarzuela”.
El límite entre piratería y negocio está señalado por la propia reacción de la ley ante sus desmanes: si son los campesinos y pescadores los que requieren protección, se les indica que abandonen sus casas costeras y se internen tierra adentro; si la requieren los armadores navales es otra la respuesta, pues es otro el daño: "depredación aún más nociva que la anterior, pues molestaba seriamente al comercio".
La recuperación de la viuda Ching para la sociedad establecida, sutilmente lograda por el almirante Ting-Kvei con su juego de cometas y referencias a la fábula del dragón y la zorra, se hace a pesar de sus seguidores. Si Morell salió del escenario a través de una casual congestión pulmonar, la viuda tendrá una "lenta vejez" en su nuevo negocio legal. La esposa que enviuda se enmascara de pirata primero y de comerciante legal después, desplazándose de figura coral a primera dama con responsabilidad y mando, para pasar finalmente a figura secundaria, integrada al medio social respetable.
"El proveedor de iniquidades Monk Eastman", es otro relato, en la que juega desde el inicio con una contraposición básica: la elegancia y valentía del malevaje rioplatense y la grosería y banalidad del neoyorquino. Entre el "baile gravísimo" de "cuchillos parejos" que se acaba cuando uno de los dos contendores "cierra con su muerte horizontal el baile sin música", y el juego con "un garrote en la diestra y un pistolón profundo" o con un "fino aparatito de cobre" que sirve para "vaciar los ojos del adversario"; o, más aún, el de aquellos cuya hombría se demuestra siendo capaces de "decapitar de un solo mordisco una rata viva" o de envenenar caballos -todo ello- en "sótanos de conventillos", "laberintos de cloacas", "reñideros de ratas famélicas y de perros" o "combates callejeros en los que el hombre se perdía como en el mar porque lo pisoteaban hasta la muerte", está basada en la historia del múltiplemente nominado personaje va trascendiendo lo meramente delictivo para emparentarse con una forma de acción más amplia: la que lo convertirá en "proveedor de iniquidades" o, lo que es lo mismo, en empresario de muerte.
Hola Jorge:
ResponderEliminarInteresante tus artículos, pero debes de citar más textos y realizar tus aportes.
Prof. David Auris Villegas